miércoles, 18 de agosto de 2010

El escritor


El escritor estaba hasta las narices de que sus mejores textos se parieran en momentos de tristeza, melancolía, dolor, en los días que más grises amanecían. Quería cambiar con eso, que se le recordara por la energía positiva que transmitía en lo que escribiera. El primer paso fue subir a la azotea, con un folio en blanco, los días en que un sol radiante entrara por su ventana. Acabó escribiendo, sí, pero movido por la frustración de no conseguir inspiración y por el dolor de las quemaduras del sol en su espalda. Como segundo intento, decidió quedarse en casa, creando un ambiente de luz y música adecuado, pero sus pensamientos de soledad le invadieron y su texto quedó nuevamente empapado de tristeza. Fue entonces cuando desistió de escribir, se negaba a que sus relatos lo acabaran volviendo gris a él. Cogió su sombrero, el periódico y salió a pasear a la calle sin percatarse de que la gente con la que se cruzaba le sonreía y que eso producía un efecto placentero en él. Algo curioso sucedió en ese momento, su mano derecha parecía que de manera autónoma, se apoderaba del bolígrafo que tenía en el bolsillo de su camisa, con la izquierda, abría el periódico por una página en la que un espacio en blanco le permitía hacer anotaciones. Allí se comenzó a escribir el texto más libre y luminoso de su vida.

martes, 17 de agosto de 2010

Viento


Y si me lleva el viento... ¿a dónde voy?

domingo, 15 de agosto de 2010

Obra de arte

El escultor puso todo su corazón en hacer aquella estatua de arcilla con forma de mujer, tanto que un trozo de él quedó dentro de su obra sin darse cuenta. Hasta ahora había sido el trabajo del que más orgulloso se había sentido y todos los días pasaba horas contemplándola, admirando su belleza.
Sin embargo, nunca se percató de que la figura de mujer en ocasiones crujía. Bajo la capa de arcilla, un corazón palpitaba cada vez más. Una mujer había atrapada en aquel molde de arcilla, triste por no poder ser libre, con angustia por el miedo que le suponía la incertidumbre de no saber que pasaría si su corazón palpitaba demasiado y lo que hasta ahora la mantenía en pie se hacía añicos.
Una noche, cuando el escultor se acercó a su obra, vio una mancha marrón en el suelo. Al levantar la mirada observó cómo de los ojos de la bella mujer salían unas lágrimas. Tembló, su rostro ya comenzaba a desfigurarse…
Cualquier parecido con Pigmalión ha sido pura coincidencia.

viernes, 13 de agosto de 2010

Lágrimas de San Lorenzo


Bajo el cielo estrellado fueron empapados por las lágrimas de San Lorenzo y se contagiaron. Lloraron de alegría y satisfacción por estar juntos y por todos los momentos compartidos, lloraron de añoranza y de tristeza al tener presente que esos momentos no durarían toda la vida.

jueves, 12 de agosto de 2010

Vivalavida



Cuando entregué mi curriculum a la secretaria pude leer en su rostro un gran rótulo que decía: “Así va el mundo”. En cierta forma me enfadó como reaccionó, desde que había decidido cambiar de profesión me sentía muy incomprendido, pero a pesar de todo no me importaba, nunca había sido tan feliz. A partir de ahora me dedicaría a aprovechar todas las oportunidades que me ofreciera la vida para crecer, a destruir los miedos que me impedían avanzar, a conocer a las personas y enriquecerme de ellas, a sonreír, a abrazar. En mi curriculum pone como profesión: “Vivalavida”. A quien no le guste, que no me contrate.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Reflejos

De pie frente al espejo intentaba descubrir algo que no veía, a sí misma. Acariciaba su pelo con las manos, se tocaba las mejillas, pero aquel espejo no le devolvía lo que ella esperaba. Cuando centra su atención en lo que hay tras de sí, allí se encuentra, sentada en el viejo sofá de la abuela, con los brazos abiertos esperando darle un abrazo, con el rostro reflejando la paz que nunca había encontrado. Había llegado su hora…

domingo, 8 de agosto de 2010

Perdido




Con el GPS en las manos temblorosas lloraba sin consuelo. Temía perderse las primeras palabras de su hija, los besos y abrazos de su mujer al llegar a casa, el que podría ser el último cumpleaños de su abuela, la posbilidad de decirle a su padre cuanto lo había echado de menos...

jueves, 5 de agosto de 2010

Gafas

Estaba derrotado, sentado en el sofá frente a la ventana del salón, todo a su alrededor se estaba derrumbando. Su matrimonio transcurría de pelea en pelea, en el trabajo apenas habían ganancias, ya era secreto público que había recorte de personal y que él sería el siguiente, su hija, una adolescente rebelde, no le dirigía la palabra, había dejado de ir a jugar al tenis con los amigos porque ya no se sentía con fuerzas para ello. Afuera, tras la ventana, unos nubarrones grises anunciaban tormenta.
Se le había pasado por la cabeza acabar con todo, pero esos pensamientos le asustaron y prefirió coger el periódico para espantarlos. ¡También la vista le estaba fallando! Al ponerse las gafas que estaban en la mesita sus ojos se dirigieron a una noticia que había en la portada: “Hoy todas las personas han alcanzado la felicidad”. Se sacó las gafas y limpió los ojos, sin ellas no la leía. Se las volvió a poner, allí estaba. Levantó la vista de la prensa y vio como por la ventana entraban los rayos del sol, por la espalda notó como su mujer se acercaba, lo abrazaba y le daba un beso en la mejilla, su hija se había sentado junto a él y le había dicho que le gustaría que pasaran el día juntos. Se miró al espejo y vio a otra persona, llena de vida. Buscaría otro trabajo, comenzaría a hacer lo que le gustaba, jamás se quitaría las gafas.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Caída libre


Parecía que el cielo, en cualquier momento, se caería sobre nosotros. Sería un problema, el planeta se quedaría plano.

lunes, 2 de agosto de 2010

La rosa


La rosa blanca, en un principio, no pudo entender por qué fue cogida del jardín. La cortaron con mucha delicadeza, apenas sintió dolor. Cuando se dio cuenta, estaba rodeada de varias rosas blancas más, de las que supuso que tendrían la misma misión que ella. Unas dulces manos comenzaron a disponerlas de manera perfectamente estudiada, de forma que pasadas unas horas ya pudo adivinar que, junto a sus compañeras, tendría una misión importante. Estaban todas muy orgullosas de que hubieran contado con ellas para ese día.
Y llegado el momento allí estaban, entre las manos sudorosas y temblorosas de aquella novia radiante que miraba con mucho amor al hombre con el que compartiría su vida, contentas y emocionadas al oírles decir “¡Sí, quiero!