El escritor estaba hasta las narices de que sus mejores textos se parieran en momentos de tristeza, melancolía, dolor, en los días que más grises amanecían. Quería cambiar con eso, que se le recordara por la energía positiva que transmitía en lo que escribiera. El primer paso fue subir a la azotea, con un folio en blanco, los días en que un sol radiante entrara por su ventana. Acabó escribiendo, sí, pero movido por la frustración de no conseguir inspiración y por el dolor de las quemaduras del sol en su espalda. Como segundo intento, decidió quedarse en casa, creando un ambiente de luz y música adecuado, pero sus pensamientos de soledad le invadieron y su texto quedó nuevamente empapado de tristeza. Fue entonces cuando desistió de escribir, se negaba a que sus relatos lo acabaran volviendo gris a él. Cogió su sombrero, el periódico y salió a pasear a la calle sin percatarse de que la gente con la que se cruzaba le sonreía y que eso producía un efecto placentero en él. Algo curioso sucedió en ese momento, su mano derecha parecía que de manera autónoma, se apoderaba del bolígrafo que tenía en el bolsillo de su camisa, con la izquierda, abría el periódico por una página en la que un espacio en blanco le permitía hacer anotaciones. Allí se comenzó a escribir el texto más libre y luminoso de su vida.
miércoles, 18 de agosto de 2010
El escritor
El escritor estaba hasta las narices de que sus mejores textos se parieran en momentos de tristeza, melancolía, dolor, en los días que más grises amanecían. Quería cambiar con eso, que se le recordara por la energía positiva que transmitía en lo que escribiera. El primer paso fue subir a la azotea, con un folio en blanco, los días en que un sol radiante entrara por su ventana. Acabó escribiendo, sí, pero movido por la frustración de no conseguir inspiración y por el dolor de las quemaduras del sol en su espalda. Como segundo intento, decidió quedarse en casa, creando un ambiente de luz y música adecuado, pero sus pensamientos de soledad le invadieron y su texto quedó nuevamente empapado de tristeza. Fue entonces cuando desistió de escribir, se negaba a que sus relatos lo acabaran volviendo gris a él. Cogió su sombrero, el periódico y salió a pasear a la calle sin percatarse de que la gente con la que se cruzaba le sonreía y que eso producía un efecto placentero en él. Algo curioso sucedió en ese momento, su mano derecha parecía que de manera autónoma, se apoderaba del bolígrafo que tenía en el bolsillo de su camisa, con la izquierda, abría el periódico por una página en la que un espacio en blanco le permitía hacer anotaciones. Allí se comenzó a escribir el texto más libre y luminoso de su vida.
martes, 17 de agosto de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
Obra de arte
El escultor puso todo su corazón en hacer aquella estatua de arcilla con forma de mujer, tanto que un trozo de él quedó dentro de su obra sin darse cuenta. Hasta ahora había sido el trabajo del que más orgulloso se había sentido y todos los días pasaba horas contemplándola, admirando su belleza.
Sin embargo, nunca se percató de que la figura de mujer en ocasiones crujía. Bajo la capa de arcilla, un corazón palpitaba cada vez más. Una mujer había atrapada en aquel molde de arcilla, triste por no poder ser libre, con angustia por el miedo que le suponía la incertidumbre de no saber que pasaría si su corazón palpitaba demasiado y lo que hasta ahora la mantenía en pie se hacía añicos.
Una noche, cuando el escultor se acercó a su obra, vio una mancha marrón en el suelo. Al levantar la mirada observó cómo de los ojos de la bella mujer salían unas lágrimas. Tembló, su rostro ya comenzaba a desfigurarse…
Sin embargo, nunca se percató de que la figura de mujer en ocasiones crujía. Bajo la capa de arcilla, un corazón palpitaba cada vez más. Una mujer había atrapada en aquel molde de arcilla, triste por no poder ser libre, con angustia por el miedo que le suponía la incertidumbre de no saber que pasaría si su corazón palpitaba demasiado y lo que hasta ahora la mantenía en pie se hacía añicos.
Una noche, cuando el escultor se acercó a su obra, vio una mancha marrón en el suelo. Al levantar la mirada observó cómo de los ojos de la bella mujer salían unas lágrimas. Tembló, su rostro ya comenzaba a desfigurarse…
Cualquier parecido con Pigmalión ha sido pura coincidencia.
viernes, 13 de agosto de 2010
jueves, 12 de agosto de 2010
Vivalavida

Cuando entregué mi curriculum a la secretaria pude leer en su rostro un gran rótulo que decía: “Así va el mundo”. En cierta forma me enfadó como reaccionó, desde que había decidido cambiar de profesión me sentía muy incomprendido, pero a pesar de todo no me importaba, nunca había sido tan feliz. A partir de ahora me dedicaría a aprovechar todas las oportunidades que me ofreciera la vida para crecer, a destruir los miedos que me impedían avanzar, a conocer a las personas y enriquecerme de ellas, a sonreír, a abrazar. En mi curriculum pone como profesión: “Vivalavida”. A quien no le guste, que no me contrate.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Reflejos
De pie frente al espejo intentaba descubrir algo que no veía, a sí misma. Acariciaba su pelo con las manos, se tocaba las mejillas, pero aquel espejo no le devolvía lo que ella esperaba. Cuando centra su atención en lo que hay tras de sí, allí se encuentra, sentada en el viejo sofá de la abuela, con los brazos abiertos esperando darle un abrazo, con el rostro reflejando la paz que nunca había encontrado. Había llegado su hora…
domingo, 8 de agosto de 2010
Perdido
jueves, 5 de agosto de 2010
Gafas
Estaba derrotado, sentado en el sofá frente a la ventana del salón, todo a su alrededor se estaba derrumbando. Su matrimonio transcurría de pelea en pelea, en el trabajo apenas habían ganancias, ya era secreto público que había recorte de personal y que él sería el siguiente, su hija, una adolescente rebelde, no le dirigía la palabra, había dejado de ir a jugar al tenis con los amigos porque ya no se sentía con fuerzas para ello. Afuera, tras la ventana, unos nubarrones grises anunciaban tormenta.
Se le había pasado por la cabeza acabar con todo, pero esos pensamientos le asustaron y prefirió coger el periódico para espantarlos. ¡También la vista le estaba fallando! Al ponerse las gafas que estaban en la mesita sus ojos se dirigieron a una noticia que había en la portada: “Hoy todas las personas han alcanzado la felicidad”. Se sacó las gafas y limpió los ojos, sin ellas no la leía. Se las volvió a poner, allí estaba. Levantó la vista de la prensa y vio como por la ventana entraban los rayos del sol, por la espalda notó como su mujer se acercaba, lo abrazaba y le daba un beso en la mejilla, su hija se había sentado junto a él y le había dicho que le gustaría que pasaran el día juntos. Se miró al espejo y vio a otra persona, llena de vida. Buscaría otro trabajo, comenzaría a hacer lo que le gustaba, jamás se quitaría las gafas.
Se le había pasado por la cabeza acabar con todo, pero esos pensamientos le asustaron y prefirió coger el periódico para espantarlos. ¡También la vista le estaba fallando! Al ponerse las gafas que estaban en la mesita sus ojos se dirigieron a una noticia que había en la portada: “Hoy todas las personas han alcanzado la felicidad”. Se sacó las gafas y limpió los ojos, sin ellas no la leía. Se las volvió a poner, allí estaba. Levantó la vista de la prensa y vio como por la ventana entraban los rayos del sol, por la espalda notó como su mujer se acercaba, lo abrazaba y le daba un beso en la mejilla, su hija se había sentado junto a él y le había dicho que le gustaría que pasaran el día juntos. Se miró al espejo y vio a otra persona, llena de vida. Buscaría otro trabajo, comenzaría a hacer lo que le gustaba, jamás se quitaría las gafas.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Caída libre
lunes, 2 de agosto de 2010
La rosa
La rosa blanca, en un principio, no pudo entender por qué fue cogida del jardín. La cortaron con mucha delicadeza, apenas sintió dolor. Cuando se dio cuenta, estaba rodeada de varias rosas blancas más, de las que supuso que tendrían la misma misión que ella. Unas dulces manos comenzaron a disponerlas de manera perfectamente estudiada, de forma que pasadas unas horas ya pudo adivinar que, junto a sus compañeras, tendría una misión importante. Estaban todas muy orgullosas de que hubieran contado con ellas para ese día.
Y llegado el momento allí estaban, entre las manos sudorosas y temblorosas de aquella novia radiante que miraba con mucho amor al hombre con el que compartiría su vida, contentas y emocionadas al oírles decir “¡Sí, quiero!
Y llegado el momento allí estaban, entre las manos sudorosas y temblorosas de aquella novia radiante que miraba con mucho amor al hombre con el que compartiría su vida, contentas y emocionadas al oírles decir “¡Sí, quiero!
*Fotografía Xabier Santakiteria
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