La suya fue una historia de pequeños amores, de esos que por el hecho de serlo se transformaban en grandes y llenaron su vida.
Hoy miraba hacia atrás y reflexionaba sobre su evolución. Le costó muchas lágrimas asimilar que su vida se compondría de eso, de pequeñas dosis de amor, unas veces devueltas y otras no, pero siempre con un final que parecía no tener un nuevo comienzo.
Con el tiempo las lágrimas le sirvieron para limpiarse los ojos y ver que el amor siempre está ahí. Si quería, podría vivirlo de otra forma. Y lo intentó, decidió amar y recibir lo que se le diera, sin más.
Hoy esbozó una pequeña sonrisa. Cuando al fin consigue llenar su vida de grandes amores, llegaba quien se quedaría para siempre a su lado. Al fin, exhaló en paz.





