miércoles, 9 de enero de 2013

El televisor



Las historias se repiten una y otra vez. Hace unos años nos cuestionábamos que hacer con papá. María, mi hermana, vivía en la capital, su marido trabajaba en una multinacional, y su hijo estaba estudiando en la mejor universidad del país. Yo me debía a mi trabajo, a mi mujer y mis hijos, que ni locos aceptaban cambiar de lugar de residencia, y menos aún reestrucurar la casa y sacrificar sus hábitos para poder compartir con el abuelo sus últimos años. Él, al final, terminó sus días en una gran ciudad a la que nunca se adaptó. Cerca de mi hermana, pero en la habitación de una residencia en la que sólo era uno más.
Hoy ellos discuten en el salón. Sentado frente al televisor que se han olvidado de encender creo conocer el fin de la historia.      

7 comentarios:

  1. Buen retrato de una realidad que es bastante compleja, incluso dejando a un lado los egoísmos que trasluces.

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  2. Su, bastante crudo y por desgracia real es está historia de olvidados y de buenas intenciones que se pierden en el limbo.

    Me conmovió.

    Un abrazo fuerte.

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  3. Es el realismo crufo de este relato el que araña el corazón, Su; el saber no sólo que es así, sino que lo es muchas veces, en muchas familias.

    Un abrazo.

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  4. Tristemente cierto. Un saludo y feliz año

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  5. Ups. Me imagino al abuelo levantándose y marchándose sin que ellos se den cuenta. Muy crudo.
    saludillos

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  6. Es lo que tiene aquello de los ciclos, Su, al final recibimos lo que hemos ofrecido... Eso dicen y creo que se suele cumplir.
    Besos y feliz año nuevo

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