lunes, 24 de agosto de 2015

Correspondencias


Después de aquél verano en la playa continuaron compartiendo sus vidas en manuscritos que viajaban de norte a sur, de sur a norte. Estaban llenos de anécdotas, de nostalgias, de sueños con un pronto reencuentro, pero nunca ocupaban ni siquiera un renglón de esas cartas con lo que sentían el uno por la otra, la una por el otro. No eran capaces. Sus sentimientos estaban atrapados en sus corazones, y por alguna razón, no se desplazaban hacia sus brazos derechos para ser plasmados en el papel.

Una noche, cuando ya estaba finalizando la carta del día, su corazón bombeó más fuerte que nunca. En décimas de segundo el impulso modificó su recorrido y llegó hasta el cerebro, de allí hasta su mano derecha, la que sujetaba el bolígrafo de tinta verde con el que siempre le escribía. Sin apenas darse cuenta, quedaron dibujadas unas letras que lo decían todo “et uqeiro”   

1 comentario:

  1. Estupendo. Me llega el detalle del bolígrafo de tinta verde, "El bolígrafo de gel verde" me marcó bastante, y de hecho, corrijo con uno.
    Salud.

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