Vivían en mundos inversos. Ella, con los pies bien en tierra, todo siempre tenía que cuadrar. Pero su cabeza bien extendida hacia el cielo de vez en cuando le permitía soñar.
Él bailoteaba en el universo, sus pies saltaban de estrella en estrella. Con la sensación de que siempre vivía en el más allá, alguna vez dejaba descender su cabeza, necesitaba saber que existía tierra firme.
Un día, ella intentando volar y él intentando aterrizar, sus miradas se cruzaron y sus corazones se engarzaron.
Desde entonces saben lo que es acariciar el cielo y la tierra.
Para Eli y Jacob